viernes, 18 de julio de 2014

La épica del derrotado

La vida es una lucha constante. Por algo o contra algo. Recapitulemos: hay días que luchas por levantarte de la cama y no mandarlo todo al carajo; y otros, en cambio, te da miedo acostarte y que todo acabe. Y te incorporas hasta caer rendido, por supuesto. Luego, en realidad, no pasa nada. O pasa todo. Y tienes, así, que volver a luchar. Una y otra vez. Y de nuevo dices: al carajo. Paso. Qué le den a todo y a todos. Y otra vez, claro, el mismo miedo. La misma entrega.

Se lucha contra el despertador y el espejo. Pero también contra la subida del IVA, la corrupción, el cáncer o los aviones no tripulados. Por la libertad y por todos mis compañeros. Contra la política de contratación de las empresas y por la meritocracia. Y todo eso. 

Y todo eso.

Se batalla contra los recuerdos; la puta memoria. Y el tabaco; el jodido tabaco. Por ella y contra nosotros mismos. ¿Han intentado recuperar alguna vez a un/a ex? "Te quiero, pero no quiero volver a pasar por lo mismo". ¿Les suena? Pues eso. Que, al final, uno se parte el alma a tiempo completo y por múltiples causas. Y naturalmente cansa. Mucho.

Sobre todo porque luchar no garantiza nada. Si acaso un bonito -y grandilocuente- reportaje en páginas interiores donde hacia la mitad del texto el autor habrá puesto la sempiterna frase: tanto nadar para morir en la orilla. La épica del derrotado y todo eso. 

Y todo eso.

La misma gesta que dos días después, vaya, servirá para envolver el pescado o no manchar el suelo de pisadas.

Por una vez, me gustaría leer una entrevista en la que el encumbrado espete: "¿Que de dónde saco las ganas y las fuerzas para luchar cuando estoy derrotado? Pues mira, hay días en los que prefiero guardármelas para más adelante. Y besar la lona, que es muy sano cojones". Que diga, en fin, que no sobra el amor.

Luchar -obvio- cansa. Más por algo que contra algo. El odio resta fuerzas mientras que la ingenuidad de creer -y golpear con la misma fe- desgasta hasta casi abandonar. Lo peor de todo es que no se puede sobornar a la vida y chantajearla para que caiga en el quinto asalto. Qué quieren, al final uno cede. Se adapta al contexto para sobrevivir. Y no volver a fumar; peor que el mono es la mala hostia que se te pone. Se trata, en fin, de ahorrarse la úlcera. Aunque de ser así se me ocurre que volverían a ganar los mismos: los cínicos, corruptos, pelotas y trepas. Ésos que no han luchado en su vida por algo ni contra nada. Hay quien suda y hay quien se abanica mientras. 

Y naturalmente cansa. Mucho.

Fotograma de la película 'Rocky'

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